La historia de Unicorrinco jamás contada

Cuando el cuerno de Unicorrinco asomó por una de las grietas del huevo eclosionando, los miembros de Núcleo Duro no dieron crédito a lo que estaban viendo. ¡Un ornitorrinco con cuerno de unicornio! ¿Era eso acaso posible?

Desde el primer momento intentaron tratarlo como a un ornitorrinco más, procurando que no se sintiera diferente al resto. Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que no sólo era diferente: era mejor. En menos de un año Unicorrinco aprendió español, se convirtió en todo un experto en historia del arte e incluso desarrolló una impetuosa adicción al café

Es vergonzoso reconocer que a los miembros de Núcleo Duro se les pasaron por la cabeza ideas despreciables sobre lo que hacer con su mascota. ¿Deberían ofrecerla a la ciencia? ¿Quizá venderla a un circo? ¿O llevarla a un programa de Telecinco? No obstante, la idea de separarse de Unicorrinco se les hacía insoportable después de todo lo vivido y, cuando le veían bebiendo su quinto café del día con el meñique en alto o leyendo sobre la capilla sixtina, no podían sino desear que estuviera con ellos para siempre.

 Una vez tomada esa decisión sólo quedaba un problema por resolver: ¿Debían contarle a Unicorrinco la verdad sobre su procedencia? ¿Debían decirle que, en realidad, su huevo llegó de una ciudad al norte de Kiev llamada Chernobil?

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